En este blog ya hemos hablado de algunos desastres medioambientales provocados por la falta de planificación, como la desecación del Mar de Aral, que tuvo serias y letales consecuencias para la biodiversidad y la población de la región de Karakalpakistán (Uzbequistán).

Afortunadamente, esta vez no tendremos que lamentarnos de una nueva atrocidad contra el planeta, ya que este plan nunca se llevó a cabo. Pero quién sabe qué sería hoy del mundo si se hubiese puesto en marcha el proyecto Atlantropa.

El proyecto Atlantropa

Todo comienza en Alemania, durante el periodo de entreguerras, donde los alemanes trataban de reponerse de las severas sanciones impuestas por los vencedores de la I Guerra Mundial, en el Tratado de Versalles (1919). Es un periodo de reflexión para ambos bandos, y las cicatrices de la contienda permanecen aún abiertas, con el fantasma de un nuevo conflicto armado a la vuelta de la esquina.

Ante este escenario, la idea de mantener la paz es la principal preocupación para muchos. Herman Sorgel, arquitecto muniqués, planificó meticulosamente una posible solución en 1928 para mantener la paz en Europa, abastecer de energía a todo el continente, y solventar la crisis laboral de los años 20.

La creación de un nuevo continente

Su idea era unificar los continentes de Europa y África mediante la evaporación parcial del Mar Mediterráneo, estableciendo así un nuevo continente llamado Atlantropa (o Euráfrica). Para ello, se planificó la colocación de tres presas gigantescas, ubicadas en los puntos clave: el Estrecho de Gibraltar, el Estrecho de los Dardanelos, y el espacio que separa la isla de Sicilia con el norte de Túnez.

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1. Modelización del Mar Mediterráneo según el proyecto Atlantropa. Fuente: aquarianagegm.blogspot.co.uk

La cuenca del Mar Mediterráneo es hidrológicamente deficitaria, lo que quiere decir que pierde más agua por evaporación de la que gana por el aporte de los ríos. Si el Mediterráneo no ha bajado su nivel, es sencillamente porque está comunicado con el Océano Atlantico a través del Estrecho de Gibraltar. Por eso, Sorgel sabía que una vez cortado ese flujo, la desecación del mar sería cuestión de tiempo.

Estaba previsto dividir el Mediterráneo en dos cuencas, separadas por el dique tunecino-siciliano. La cuenca occidental perdería 100 m. de profundidad, mientras que la oriental vería rebajado su nivel en 200 m. Esta diferencia de nivel entre las dos cuencas permitiría generar energía hidroeléctrica a gran escala.

Infraestructuras previstas

Aparte de las 3 grandes presas que hemos mencionado, el nuevo continente de Atlantropa estaría conectado de norte a sur por vía férrea desde Berlín, pasando por Roma, Sicilia y Túnez, hasta llegar a Ciudad del Cabo en Sudáfrica. Además, ante la importancia de conectar Europa con África, también se planificaron grandes autopistas y un túnel bajo el Estrecho de Gibraltar.

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2. La presa del Estrecho de Gibraltar. Fuente: blogs.elpais.com/mundo_insolito

Pero el proyecto no acaba en la cuenca del Mediterráneo. Había grandes planes para el desierto del Sahara y la cuenca del Congo. Principalmente, se trataría de construir una tercera presa en el río Congo para embalsar una gran cantidad de agua y generar así más energía.

Estos kilovatios serían llevados a Europa a través de una extensa red de alta tensión, lo que unido a las otras centrales hidroeléctricas, permitiría abastecer al nuevo continente de Atlantropa.

El renacimiento del Sahara

Otro aspecto realmente importante del proyecto Atlantropa reside en la inundación de una parte del desierto sahariano en el casi desaparecido Lago Chad. Esta reactivación del lago supondría la irrigación de las áreas circundantes y la modificación del clima hacia uno más lluvioso, según las afirmaciones de Sorgel, aunque este punto es ciertamente discutible.

De acuerdo con el plan, los continentes de Europa y África se verían beneficiados en términos de empleo, energía y clima. Ante tal perspectiva, es normal que el proyecto Atlantropa generase un gran impacto en los años 30. Sin embargo, las aspiraciones de la reunificación continental y la teórica prosperidad que alcanzaría, nunca llegaron a ponerse en marcha, dado que el Nacionalsocialismo alemán no estaba interesado en acometer semejante proyecto. Más bien tenían sus ojos puestos hacia el este de Europa.

Las implicaciones de Atlantropa

Ahora que conocemos los detalles del proyecto, podríamos hacer una valoración de las posibles consecuencias que traerían consigo.

Las más positivas serían varias, tal y como Sorgel pretendía:

  • La creación masiva de empleo en Europa, gracias a la construcción de todas las infraestructuras.
  • La ampliación territorial de los países gracias a las tierras emergidas tras la desecación del Mediterráneo.
  • La autosuficiencia energética que traería consigo las nuevas centrales hidroeléctricas.
  • La oportunidad de convertir el Sahara en una región más fértil y próspera.
  • El acercamiento entre estados europeos y africanos gracias una mayor cooperación.

Por otra parte, es inevitable plantear los aspectos negativos:

  • La hipersalinización del Mar Mediterráneo estaría asegurada, lo que acabaría con casi toda la biodiversidad del ya maltrecho mar interior.
  • El coste del proyecto sería desmedido. La cantidad de material necesario para construir los diques sería imposible de conseguir.
  • La cooperación internacional entre los estados europeos sería imprescindible, y teniendo en cuenta la tensión diplomática entre países tras la I Guerra Mundial, eso sería poco más que una quimera.
  • Las ciudades litorales perderían el acceso al mar y la funcionalidad de sus puertos. Aunque es cierto que existía un plan para mantener el agua represada mediante diques, la comunicación marítima con el exterior sería nula.
  • El impacto climatológico sería incalculable, pero podemos afirmar que la pérdida de agua en el Mediterráneo acrecentaría la desertización en el sur de Europa y probablemente modificaría los patrones meteorológicos del continente. En el Sahara se asume que las consecuencias serían positivas, pero lo cierto es que el sistema climático global está interconectado y cualquier modificación en el mismo podría tener repercusiones inesperadas en otros lugares del planeta.
3. Herman Sorgel, el autor del proyecto Atlantropa. Fuente: latribune.fr

La recolonización de África

Parece bastante claro que fuese cual fuese el escenario, África saldría beneficiada con el proyecto Atlantropa. Sin embargo, aunque las vías de comunicación creadas por los europeos pueden parecer bidireccionales, lo cierto es que la principal función de estas vías es la de facilitar la extración de materias primas y energía africanas.

Nos encontraríamos pues, ante una recolonización del continente africano cuyo objetivo sería el expolio. De este modo, los principales agraciados de la recuperación del Sahara serían los estados europeos, no la población autóctona.

¿Atlantropa sería un continente?

Sorgel habla de Atlantropa como un continente, pero técnicamente es difícil de afirmar. Como ya vimos en Continentes sumergidos: Mauritia y Zelandia, no existe un consenso entre la comunidad científica para afirmar cuántos continentes existen en el planeta a día de hoy.

Lo que sí parece seguro es que la visión de Atlantropa quería traer la paz al continente europeo, gravemente sacudido por la sombra de la guerra y la crisis económica. Es cierto que el proyecto carecía del planificación medioambiental, pero cabe destacar que este aspecto no se hizo eco de manera global hasta la década de los 90 con el protocolo de Kyoto.

Esta es fue la visión de Herman Sorgel, la visión de un futuro diferente.

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