*En memoria de Francisco Saraiva, hoy un poco más lejos, pero siempre en nuestros corazones*

El predominio portugués en el Atlántico durante los siglos XV y XVI se debe a la capacidad de adaptación de sus gobernantes, ante las complejas circunstancias geográficas y a los problemas que afrontaba su economía. La población y los recursos de Portugal en esta época eran limitados, por lo que su producción industrial era insuficiente para permitir que el país prosperase. Este escenario sólo dejaba lugar al comercio como motor económico, un comercio que tuvo que hacerse marítimo a la fuerza, dadas las malas relaciones con su vecino: Castilla.

A grandes males, grandes remedios

Los productos más demandados en Europa acrecentaban su precio a causa de los prolongados caminos que debían recorrer. Los derechos de aduanas, el coste de los intermediarios, y los riesgos cada vez mayores por la inestabilidad política, hacían que las empresas comerciales de Oriente fuesen muy poco atractivas. Los caminos continentales se hallaban infestados de peligros, y más tarde el avance turco los cerró totalmente. Por eso era necesario encontrar un camino alternativo a través del océano, concretamente el Atlántico.

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1. El Imperio Otomano controlaba las rutas marítimas y terrestres conocidas hacia Oriente. Fuente: mundoantiguo.net

Afortunadamente, el conocimiento de los mares durante la Edad Media se había ampliado con respecto a la Edad Antigua. La expansión del mundo árabe en el norte de África y el Mediterráneo forzaron a los europeos a encontrar nuevos mares para navegar y así desarrollaron asociaciones comerciales y vías de comunicación activas gracias a la creación de las marinas hanseática y flamenca, que se expandieron por el Mar Báltico, el Mar del Norte, y más allá del Canal de La Mancha.

Portugal, de espaldas a Castilla tras la batalla de Aljubarrota, sólo podía establecer rutas comerciales por mar. La necesidad hizo de la navegación su único modo de comerciar con el mundo. Por otra parte, la existencia de un renovado espíritu crítico a finales del siglo XIV, no tolera las supersticiones ni los testimonios fantasiosos de algunos marineros respecto a los límites de las tierras y mares lejanos. Esta voluntad empirista requiere de observación para documentar los sucesos y, por lo tanto, abre la puerta de la curiosidad y la exploración.

Enrique ‘El Navegante’

En este contexto, el infante Enrique de Portugal, conocido en la Historia como Enrique ‘El Navegante’, fue el impulsor de la navegación más allá de los confines cartografiados. Su interés en la Geografía proviene de los viajes europeos de su hermano Pedro, que le proporcionaba detalles sobre el peligro otomano en Oriente, y de las copias de los viajes de Marco Polo que le llevó a Portugal en 1428.

La motivación de Enrique era conocer tierras situadas al sur de las Islas Canarias, además de la búsqueda de nuevos mercados donde obtener nuevos productos y países con los que establecer relaciones diplomáticas para extender la fe cristiana.

La Escuela de Sagres: ¿un mito?

Se dice que el infante se estableció en Sagres, donde fundó una escuela de náutica y cartografía, junto con un observatorio astronómico. Sin embargo, a partir del siglo XX diversos historiadores como J. Tomé da Silva, han puesto en duda su existencia, ante la falta de evidencia arqueológica y documental. El cronista portugués Zurara escribió la biografía de Enrique, al que tenía en gran estima. Sus obras cuentan con las grandes capas de heroísmo y épica propias del Renacimiento, y siempre ha magnificado la vida del infante luso.

El testimonio de Duarte Pacheco Pereira, quién participó en los proyectos de exploración portugueses, explica que Enrique mandó traer a Jacomé de Mallorca, un experto cartógrafo mallorquín. Históricamente, se ha confundido erróneamente a Jacomé con Jafuda Cresques, hijo del ilustre Abraham Cresques (autor del Atlas Catalán de 1375), pero la muerte de Jafuda está registrada en 1410, lo que hace imposible que participase en empresa portuguesa. Junto a ellos, otros renombrados expertos como Juan de Castro, Alvise Cadamosto o Antón Gonçalves formaban parte del proyecto de exploración. Enrique pretendía instruir a los marineros portugueses de cara a los nuevos viajes que planeaban.

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2. Copia del Atlas catalán editado en Barcelona en 1959. Fuente: Wikipedia.com

João de Barros, uno de los primeros grandes historiadores de Portugal, describe la casa de Enrique como un centro donde se acogían y reunían miembros privilegiados de la sociedad. Sus palabras relatan una escuela de nobles más que una escuela de carácter formativo. De hecho, João no encontró ninguna referencia directa sobre la Escuela de Sagres ni una ubicación geográfica exacta.

A partir del siglo XX se aborda esta cuestión desde un punto de vista mucho más crítico e historiográfico, poniendo de relieve la falta de evidencia acerca de la Escuela. Es más, se sospecha que pudo ser una idea torpemente propagada por la falta de rigor desde los siglos XV a XIX, e incluso una leyenda intencionada por las élites políticas y académicas.

Los primeros descubrimientos

Las Islas Madeira fueron las primeras en dibujarse en los mapas portugueses. Los navegantes João Gonçalves Zarco y Tristão Vaz Teixeira encontraron las islas de manera fortuita cuando sus navíos fueron desviados por una tormenta. A modo de gratitud por encontrar refugio en una de sus islas, estos la llamaron Porto Santo.

Aunque es bastante probable que ya se tuviese conocimiento previo sobre el archipiélago, los portugueses fueron los primeros en cartografiarlas y en poblarlas, tarea llevada a cabo por Zarco y Teixeira junto con el hidalgo Bartolomé Perestrello entre 1418 y 1419.

Por otra parte, parece que el archipiélago de las Azores fue redescubierto en 1427 por el capitán Gonçalo Velho, aunque otras fuentes afirman que fue Diego de Silves en el mismo año. En cualquier caso, no queda claro si los portugueses encontraron las islas por casualidad o si ya tenían constancia de su existencia. Lo que sí sabemos es que la carta regia de 1439 autorizaba a Enrique El Navegante a poblar las islas, una tarea que llevó a cabo el capitán Velho junto con los colonos y las ovejas.

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3. Archipiélago de las Azores. Fuente: travel-in-portugal.com

El grupo occidental de las islas (Flores y Corvo) fue descubierto en 1452 por Diego de Teive, quien pensó que se trataba de un nuevo archipiélago y las bautizó como Ilhas Floreiras.

El «Cabo del Miedo»

El empeño de Enrique por navegar hacia el sur se consideraba una locura en aquella época. Hay que recordar que las historias propagadas por el mundo árabe dibujaban un panorama dantesco para aquellos que osaban adentrarse en las latitudes ecuatoriales: el mar acababa en un charco de lodo consumido por el calor; corrientes traicioneras, arrecifes y remolinos.

El límite del mundo conocido y seguro lo marcaba el Cabo Bojador, situado en la costa del Sahara Occidental. Según narra el cronista Zurara, Gil Eanes consiguió superar el “Cabo del Miedo” en 1434 tras 15 tentativas, rompiendo por fin la barrera psicológica para la navegación de la costa africana occidental.

A partir de este punto, los capitanes contratados por Enrique recorrieron las costas de África hacia el sur, descubriendo accidentes geográficos de gran relevancia que permitieron trazar rumbos seguros en la búsqueda de nuevos lugares que explotar.

Cabo Verde y los últimos descubrimientos de Enrique

Fue así como Alfonso Gonçalvez Baldaia amplió la cartografía hasta Pedra da Galé, descubriendo el río del Oro, que resultó ser un brazo de mar donde no se encontró oro, aunque el nombre prevaleció.

Dinis Dias descubrió el Cabo Verde en 1445, nombre otorgado por la exuberante vegetación de estas tierras, y en ese mismo viaje llega a la desembocadura del río Senegal. Nuno Tristão continuó hasta Cabo Blanco y se encontró con lo que probablemente fuese el río Gambia en 1446. Los exploradores portugueses intentaban adentrarse en las aguas de los ríos que encontraban, porque pensaban que alguno de ellos conectaba con el río Nilo.

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4. Mapa con los descubrimientos portugueses de Enrique El Navegante. Fuente: Britannica.com

Para 1448 el comercio de esclavos era tan beneficioso que Enrique decidió construir un fuerte y una fábrica en la Isla de Arguin, frente a la costa de Mauritania.

Las últimas exploraciones enviadas por el infante correspondieron a las del veneciano Alvise Cadamosto y Diogo Gomes. Esta empresa continuó hasta el río Geba (Guinea-Bissau) y fue la primera expedición europea en llegar a las islas de Cabo Verde, el punto más occidental de África.

Pedro da Cintra (o Pedro de Sintra) descubre la costa recortada de Sierra Leona, nombre que él mismo otorga a estos parajes debido a la similitud entre el sonido de los truenos en las montañas y el rugido de los leones.

Antes de la muerte de Enrique, las expediciones habían alcanzado ya Sierra Leona, pero gran parte de los objetivos que se habían marcado no llegaron a cumplirse. El escaso beneficio generado por el comercio, la conquista fallida de las Islas Canarias, que quedó en manos de Castilla, y el fracaso rotundo en los intentos de evangelización, son las grandes decepciones en este primer periodo. Al menos, las colonizaciones de Madeira y las Azores fueron un éxito, y sus esfuerzos en la búsqueda de nuevos mercados sentaron las bases para las futuras expediciones.

 

Fuentes:

https://www.britannica.com/biography/Henry-the-Navigator#ref3156

http://www.mgar.net/enriqu2.htm

http://www.mgar.net/enriqu.htm

https://revistes.uab.cat/nuevasdeindias/article/view/v4-roca-bruzzo

Roca-Bruzzo, Pere. (2019). The School of Sagres. The construction of a historiographical myth.. Nuevas de Indias. Anuario del CEAC. 4. 81. 10.5565/rev/nueind.52.

https://ntb.gov.sl/history-of-sierra-leone/

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