El Canal de la Mancha es uno de los pasos marítimos más transitados del mundo, con una carga histórica muy fuerte, asociada sobre todo a la defensa de las Islas Británicas. El fondo marino está repleto de restos bélicos, tanto humanos como materiales, de las dos guerras mundiales.

Está situado entre Inglaterra y Francia, mide 560 km de este a oeste y 240 km en su sección más ancha de norte a sur. Es el mar más pequeño y somero de los que rodean la plataforma continental europea (77.000 km²), con una profundidad máxima de 120 m.

Las islas principales en el Canal son la Isla de Wight, en la costa inglesa, y las Islas del Canal (también conocidas como islas anglonormandas) frente a las costas francesas. Las ciudades portuarias más importantes en el lado británico son Plymouth, Southampton, Portsmouth y Dover, mientras que en el lado francés destacan Cherburgo, El Havre, Dieppe y Calais.

Una traducción imprecisa

El Canal de la Mancha ha recibido varios nombres a lo largo de la historia, empezando por Ptolomeo en el siglo II, que lo denominó Oceanus Britannicus. No fue hasta 1450 cuando un mapa italiano empleó el término ‘canal’ (Canalites Anglie) por primera vez. A partir del siglo XVI, los atlas holandeses ya mostraban el nombre de Engelse Kanaal, y probablemente este haya sido el origen del actual nombre en inglés: The English Channel.

Le Manche
1. El Canal de la Mancha en la cartografía francesa. Fuente: Modificado de flickr.com

Sin embargo, desde el otro lado del Canal, los franceses decidieron llamarlo la Manche, que significa literalmente ‘la manga’, ya que, en su percepción, el Canal se asemejaba a la manga de una camisa. Este nombre francés adoptado en el siglo XVII dio paso a una traducción imprecisa por parte de algunas naciones como Portugal (Canal da Mancha) o España (Canal de la Mancha), que nada tienen que ver con el significado original.

En las regiones cercanas al Canal, se les denomina Mor Breizh en Bretaña (Mar Bretón), o Mor Bretannek en Cornualles (Mar Británico). Bajo mi punto de vista, estas dos denominaciones son más acertadas e integradoras que las actuales, las cuales están motivadas por intereses nacionales o son, simplemente, traducciones erróneas.

Historia geológica

Antes de que el canal existiese, las Islas Británicas formaban una única extensión, y estaban unidas al resto del continente europeo a través de un istmo, es decir, una lengua de tierra que conecta dos grandes masas terrestres. Esto era posible gracias a que la mayoría del agua del planeta se encontraba congelada durante este periodo glacial, y por lo tanto el nivel del mar era mucho menor.

Los profundos canales excavados en el lecho marino sirvieron como prueba para que el geólogo Sanjeev Gupta y su equipo demostrasen que hubo una inundación catastrófica hace 200.000 años. Esta inundación se produjo como consecuencia de la ruptura de un inmenso lago glacial en Doggerand: la masa de tierra que ahora forma parte del fondo marino del Mar del Norte. Tal suceso causó la erosión y posterior desaparición del Istmo de Dover, dejando las Islas Británicas desconectadas del resto de Europa.

Istmo Dover la Mancha
2. El lago glaciar contenido por el istmo de Dover. Fuente: Modificado de wired.com

Fondo marino

En la actualidad, el fondo marino del Canal es el hábitat de comunidades denominadas bentos (algas, corales, esponjas, crustáceos…) y algunos moluscos. Esta área es muy importante para el crecimiento del lenguado de limón, la caballa, o el lanzón, y al mismo tiempo pueden encontrarse el bacalao, la platija, y el espadín.

La topografía en el Estrecho de Dover y su localización entre el Mar del Norte y el Océano Atlántico favorecen el dinamismo de las corrientes en superficie, afectadas especialmente por el tiempo atmosférico. Las formas de la línea de costa hacen que los vientos soplen desde el suroeste o desde el noreste, produciendo condiciones complicadas para la navegación, especialmente cerca del Estrecho de Dover, donde el Canal reduce su sección hasta el mínimo de 34 km. Como consecuencia, las mareas fluyen más rápido en este punto, con una velocidad máxima de 1,75 m/s.

Existen multitud de bancos de arena, formados por los antiguos ríos que inundaban las bajas llanuras del Canal, y que actualmente son marcados por grandes boyas iluminadas como aviso a los barcos que atraviesan el mar. Estas características topográficas junto con la poca profundidad del Canal de la Mancha, limitan en gran medida el avistamiento de grandes mamíferos como ballenas, delfines o marsopas.

La historia a orillas del Canal de la Mancha

Desde el punto de vista cultural, el Canal de la Mancha es identificado como un espacio de paz y prosperidad, pero también ha sido un lugar de conflicto, albergando múltiples batallas e invasiones, además de intentos infructuosos en algunos casos.

Existen restos marítimos que prueban la actividad comercial ejercida desde la Edad de Bronce, como es el caso de una embarcación de roble encontrada cerca de Dover en la década de 1990, y que cuenta con alrededor de 3.300 años de antigüedad. Muchos pecios diseminados en el lecho marino contenían herramientas, y demuestran la realidad de una actividad comercial frecuente en ambos sentidos.

El Canal de la Mancha ofrecía un valor estratégico para la defensa de las Islas Británicas, particularmente en el estrecho de Dover, que es el punto de acceso más cercano de costa a costa. Las primeras grandes invasiones fueron las del Imperio Romano de Julio César en el 55 a.C. y más tarde la de Claudio en el 43 d.C. Estos episodios han dejado huellas arqueológicas en las costas inglesas, como el faro romano de 18 m en los acantilados de Dover.

Dover faro la Mancha
3. El faro romano de Dover es el edificio más antiguo de Inglaterra. Fuente: randon-times.com

Las invasiones normandas del siglo XI son otro ejemplo de conexión marítima entre las islas y el continente. Además de poblar las tierras bretonas, los normandos impulsaron el comercio en el Canal, sobre todo para la importación de piedra desde Francia para la construcción del castillo de Dover y otras fortificaciones.

Durante el siguiente siglo, la creación del Imperio Angevino por la dinastía Plantagenet unificó ambas orillas del Canal bajo un mismo gobierno, aunque con ciertas singularidades dependiendo del territorio. Sin embargo, con la caída del Imperio a principios del siglo XIII, el Canal de la Mancha volvió a convertirse en una línea defensiva entre Francia e Inglaterra.

Un espacio de unión

El mar une y divide comunidades y territorios, desafiando en ocasiones los propios límites del estado.

El Canal de la Mancha es una delgada franja de agua que marca una gran diferencia, y de no ser por ella, la historia sería muy diferente. Ha sido el escenario y el símbolo de la gran rivalidad entre Francia e Inglaterra durante siglos, y la idea persiste ahora también con Reino Unido y el Brexit.

Todo subyace en la idea, extendida hace tres siglos, de que la geografía crea divisiones naturales que el ser humano es incapaz de sobrepasar, tal y como afirmaba Jean-Nicholas Buache de La Neuville: “La naturaleza ha parcelado el globo desde su creación; ha dividido su superficie en infinidad de partes y ha separado unas de otras por barreras que no podrán ser destruidas por el tiempo ni por la intervención humana”.

Pero el agua crea oportunidades de comercio, transporte e intercambios culturales, incluso en tiempos de guerra. Por ejemplo, en el siglo XVIII, los pescadores vendían sus productos en puertos enemigos, y existía una tregua para que el servicio postal pudiese operar con normalidad. Incluso el contrabando alcanzó un nivel transnacional, conectando Dunquerque, Kent y Sussex para traficar con la ginebra holandesa, el té francés proveniente de China e India, el café de Santo Domingo, o las telas de Ruan y Lyon.

El Canal de la Mancha como tal fue objeto de debate acerca de su propiedad y explotación. Como podéis imaginar, compartir un espacio con acceso a recursos naturales requiere de mucha mano izquierda, y en muchas ocasiones es inevitable que se produzcan tensiones entre las partes implicadas. La visión (o los intereses) de los pescadores suele diferir de la de los gobiernos y las aduanas, quienes empleaban el servicio de la cartografía para trazar sus propios límites.

El Canal como modo de vida

Durante el siglo XVIII, la pesca no se consideraba como una amenaza para los hábitats ecológicos, y los estados marítimos europeos se beneficiaban de una actividad enriquecedora que convirtieron en uno de los pilares de su desarrollo e influencia.

En esta etapa de la historia, el Canal de la Mancha podría ser visto como un espacio abierto y lleno de actividad, poblado por comunidades interconectadas a lo largo y ancho del mar, y cuyos beneficios procedían de las redes que operaban sin importar las fronteras nacionales. Es una perspectiva que también podemos encontrar en la Liga Hanseática de los siglos XII al XVII, donde se desarrolló una red comercial transfronterizo independiente de los Estados que se basaba, principalmente, en la confianza.

El paisaje no ha cambiado mucho: en la actualidad el Canal es uno de los pasos más transitados por los cargueros que circulan por todo el mundo llevando las mercancías a su destino. La Agencia Espacial Europea registra imágenes satélite que muestran la densidad del tráfico marítimo en estas aguas, un punto clave para la conexión entre el norte de Europa y el Océano Atlántico.

Canal de la Mancha
4. Imagen satélite espacial donde se aprecia la luz emitida por el tráfico marítimo en el Canal de la Mancha. Fuente: esa.int

Hoy en día, el concepto de frontera marítima está sobre la mesa de debate, no sólo en el Canal, si no en muchos de los mares del mundo (el mar del sur de China, el océano Ártico, o el mar argentino). Migrantes, pescadores, comerciantes, contrabandistas, y viajeros eran los agentes que poblaban las aguas de este estrecho brazo de agua en el pasado, y lo siguen haciendo hoy, desafiando las leyes de los estados y convirtiendo las fronteras internacionales en espacios transnacionales.

El Canal de la Mancha es un espacio de unión y división, donde las comunidades asentadas en sus orillas comparten una historia y una identidad.

 

Fuentes:

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