Continuamos con la segunda parte de la exploración en la Edad Antigua, donde nos esperan personajes tan relevanes como Alejandro Magno.

En el anterior capítulo contábamos cómo los cartagineses, liderados por el navegante Hannón, se enrolaron en la exploración de las costas occidentales de África hasta llegar a latitudes ecuatoriales. Incluso aparecieron teorías que hablaban de una incursión hacia tierras brasileñas. Pero aún hay más.

Exploración de la Europa Atlántica

El almirante cartaginés Himilcón, contemporáneo de Hannón, lideró una expedición por las costas occidentales de Europa con el fin de descubrir la fuente de aprovisionamiento de estaño de los tartesios, en lo que más adelante se conocería como las Islas Casitérides. Para mantener el monopolio de este metal, los cartagineses propagaron falsas noticias sobre supuestos peligros que acechaban en las aguas atlánticas, como por ejemplo monstruos marinos, nieblas extrañas, algas inmensas, etc.

Una anécdota conocida relata cómo un comerciante cartaginés hizo naufragar su embarcación a propósito cuando se vio perseguido en su ruta hacia las Casitérides por un navío romano, para que este no descubriese el mercado del estaño. Al regresar a Cartago, el Senado le indemnizó por el barco y el cargamento perdido, y gracias a esta política los romanos no descubrieron la fuente del metal hasta mucho más tarde.

Pero no sólo los cartagineses se aventuraron en las aguas septentrionales de Europa. Los griegos también consiguieron recorrer esas rutas, destacando al explorador heleno más famoso de occidente: Piteas. Al insigne geógrafo y marino marsellés se le otorga el descubrimiento del mar del Norte y de las Islas Británicas.

El viaje de Piteas

Piteas se propuso a alcanzar por mar los puertos de los oestrimnios en tierras bretonas y confirmar los rumores sobre regiones boreales en las que el día y la noche tenían seis meses de duración. Siguiendo las rutas cartaginesas hasta la Bretaña francesa, logró circunnavegar la isla de Gran Bretaña y en las costas escocesas escuchó hablar por primera vez de Thule, que se cree que podría tratarse de Islandia o Noruega. Finalmente cruzó el mar del Norte y visitó las islas de Heligoland, ya habitadas, frente a la península de Jutlandia.

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1. Recorrido de Piteas desde Marsella. Fuente: fofweb.com

Este viaje fue muy discutido en su época, especialmente por quienes desconocían la influencia de la corriente del Golfo en el clima noroeste europeo. Algunos fenómenos descritos como “pulmón marino” parecen corresponderse con las típicas nieblas que se daban en tierras danesas y escandinavas.

El periplo de Piteas delimita la frontera norte del mundo conocido para el mundo antiguo, pues se creía que Noruega era en realidad una isla, y los romanos en su lucha contra los pueblos germánicos nunca tuvieron contacto con tales lugares.

La nueva exploración de Oriente Medio

Continuando con la tradición de los mesopotámicos y los hititas, los persas consiguieron explorar y administrar los extensos territorios que van desde el mar Egeo hasta el Cáucaso, y desde el mar Caspio hasta el valle del Indo, con Darío I como gran figura conquistadora.

Durante esta época ya se tenía constancia del Océano Índico, las costas de Arabia y el golfo Pérsico. No obstante, durante el Imperio Persa se organizaron grandes exploraciones, según cuenta Herodoto. Por orden del rey Darío I, el marino griego Scylax de Caryanda realizó toda la exploración de la costa persa desde el río Indo hasta Egipto alrededor del año 510 a.C. Este exitoso viaje fue replicado por orden de Alejandro Magno dos siglos más tarde.

Tras las victorias griegas en las guerras médicas, se desencadenó una etapa de gran curiosidad acerca del continente asiático. Este conflicto contra el Imperio Persa y las historias recogidas por los mercenarios griegos en la expedición de los Diez Mil, les habían puesto en contacto con diversos pueblos desconocidos y de costumbres insospechadas para el mundo helénico, dando como resultado la organización de nuevos viajes con fines científicos. Médicos, geógrafos, aventureros y comerciantes recorrieron Oriente Medio, visitando Frigia, Armenia y la India.

Alejandro Magno

También conocido como Alejandro III de Macedonia, Alejandro Magno fue rey de Macedonia, Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto y Gran Rey de Media y Persia. Se le considera el explorador más grandioso de la Antigüedad y el artífice de la apertura de todos los países de Oriente al conocimiento griego clásico.

Atravesó Siria y Palestina hasta llegar a Egipto. Recorrió las orillas del mar Caspio y se dirigió hacia el levante para explorar las cuencas de los ríos Gutghen y los valles de Rechef Rud y Meched. En el año 327 a.C. preparó la expedición a la India, atravesando el Punjab hasta las orillas del Hiphasis (hoy conocido como río Beas). Allí, su ejército se negó a continuar, por lo que tuvo que renunciar a la exploración del Ganges y los límites orientales del mundo habitado.

El camino de regreso a Macedonia lo hizo a través de las regiones de Gedrosia y Carmania (al sur de Pakistán), mientras ordenó a su almirante Nearcho que explorase la desembocadura del Indo y regresase a Susa por mar, como ya hiciera Scylax de Caryanda siglos atrás.

Si queréis conocer más sobre la vida de Alejandro Magno, podéis ver este video.

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2. Mapa de las campañas de Alejandro Magno y extensión de su Imperio. Fuente: eltamiz.com

El periplo de Nearcho es bien conocido por los historiadores gracias al relato oficial del propio almirante. Se sabe que el descenso por las aguas del Indo estuvo exento de contratiempos, y que las líneas de aprovisionamiento terrestres les siguieron en paralelo hasta la desembocadura. Pero desde ese punto tuvieron que afrontar condiciones penosas por falta de víveres y la desmoralización de la tripulación. Frente a las costas de Camarnia, el cambio de paisaje, más arenoso, levantó los ánimos, y al entrar en el golfo Pérsico los navegantes recuperaron el espíritu al sentirse más cerca de su hogar.

El legado de Alejandro Magno

Distintas expediciones perpetuaron la figura del rey macedonio:

En Grecia, Seleuco I encargó a Patroclo la exploración del mar Caspio para saber si se trataba de un golfo del océano circular, y de ese modo buscar una conexión marítima hacia la India. Sin embargo, le fue imposible comprobarlo debido a las guerras entre pueblos caucásicos y partos en Azerbaiyán.

En Egipto, la dinastía de los Ptolomeos heredó el espíritu de Alejandro y los antiguos egipcios sobre la exploración del mar Rojo, donde se fundaron numerosos asentamientos a lo largo de sus costas.

También se originó un interés científico acerca de las fuentes del Nilo. Gracias a las expediciones de Dalion y Aristocreon se tuvo constancia de la existencia del Nilo Azul y el Nilo Blanco, y posteriormente otros viajeros se adentraron en esas regiones.

La exploración durante el periodo romano

Durante los periodos de paz en el Imperio Romano se intensificaron las exploraciones. El tráfico comercial hacia la India era regular, con más de 120 embarcaciones al año a pesar de ser un viaje muy largo. En este periodo los comerciantes descubrieron la isla de Taprobana, una isla en el Océano Índico que puede referirse a algún lugar de Sri Lanka o Sumatra (Indonesia).

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3. Isla de Trabopana (Sri Lanka) según recogen los mapas de Ptolomeo. Fuente: Primabergamo.it

Hípalo y el monzón

El navegante griego Hípalo fue el precursor del primer viaje directo a la India desde el mar Rojo, aprovechándose de los vientos monzónicos. Con la implementación de esta nueva ruta, sobre el año 50 d.C. se abandonó la navegación de cabotaje por la de altura, siendo esta última empleada hasta la Edad Moderna gracias al conocimiento de estos vientos. Según Plinio El Viejo, el viento monzónico del suroeste era conocido como hípalo en su honor.

Por otro lado, la costa oriental de la India está peor documentada. Durante los imperios de Nerón y Claudio existió una navegación de cabotaje desde Ceilán hasta el delta del Ganges, extendiéndose hasta las costas de Indochina. En época del emperador Adriano, un navegante llamado Alexandre experimentó con la navegación de altura en el golfo de Bengala y consiguió llegar hasta la península de Malaca, obteniendo acceso a las aguas del golfo de Tailandia y el puerto de Cattigara (Óc Eo, en Vietnam).

Las exploraciones en África son poco detalladas, pero se sabe que los romanos obtuvieron gran información del desierto del Sahara y la cordillera del Atlas, a la vez que se descubrieron las islas Azores y las Canarias, si bien no llegaron a ser colonizadas.

La Edad Antigua está repleta de grandes viajes y descubrimientos extraordinarios si tenemos en cuenta los medios de los que se disponían. Este es sólo un modesto resumen de lo que las civilizaciones antiguas han podido aportar sobre el conocimiento del mundo que nos rodea, desde un punto de vista mediterráneo clásico.

 

Fuentes:

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