Desde el fin del Imperio Otomano en 1922 tras la Primera Guerra Mundial, Oriente Próximo no ha dejado de sangrar. Cuando el Imperio fue dividido en varios estados comenzó un conflicto bélico, social, religioso y político que dura hasta nuestros días, 96 años después, favorecido por la socavación de las grandes potencias aliadas del momento, que salieron victoriosas de la Gran Guerra. Todo empezó con el acuerdo Sykes-Picot.

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1. Declive del Imperio Otomano. Fuente: outsidethebeltway.com

El acuerdo Sykes-Picot

Vislumbrando el final de la guerra, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda junto con Francia, plantearon el futuro reparto de los territorios otomanos en Oriente Próximo. De este modo, el teniente coronel Mark Sykes y el diplomático François Georges-Picot, en representación de Reino Unido y Francia respectivamente, diseñaron el pacto que a la postre sería conocido como el acuerdo Sykes-Picot.

Este acuerdo fue un reparto secreto de Oriente Próximo para controlar la región, así como sus recursos. Así, la línea Sykes-Picot, dibujada prácticamente como una recta desde la ciudad de Kirkuk en Irak hasta las inmediaciones del lago Tiberiades y los Altos del Golan, en la actual Israel, definiría las áreas de control de británicos y franceses.

El reparto del botín

Por una parte, Reino Unido obtendría el control directo del centro y sur de Mesopotamia, junto con los puertos de Haifa y Acre, en la costa mediterránea, mientras el resto de territorio al sur de la línea Sykes-Picot quedaría bajo su influencia.

Francia haría lo propio al norte de dicha línea, controlando de manera directa la costa siria, la mayor parte de lo que hoy es el Líbano, y el este de Anatolia. Igualmente, se reservaría un área de influencia en el resto de Siria y el norte de Mesopotamia.

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2. Mapa del reparto de Oriente Próximo según el acuerdo Sykes-Picot. Fuente: GeographicMind.

El Imperio Ruso finalmente se unió a la conformación del pacto, aspirando a dominar los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, junto con Constantinopla (actual Estambul), Armenia y Kurdistán, aunque sus pretensiones fueron frustradas por el estallido de la Revolución Rusa en 1917.

Las regiones bajo influencia de las potencias europeas serían administradas por el pueblo árabe, y Palestina permaneceria sujeta a control internacional.

Lawrence de Arabia y la traición al pueblo árabe

Conscientes de la inestabilidad del sultanato turco y preocupados por recibir un ataque en Egipto, Reino Unido envió al Oficial del Ejército Británico Thomas E. Lawrence para contactar con los árabes subyugados por el Imperio Otomano. Su objetivo era organizar una revuelta en el seno del Imperio y así erradicar las amenazas invasoras sobre la colonia británica de Egipto.

Los soldados árabes, liderados por el Príncipe Fáysal ibn Husáyn, carecían de instrucción militar y armamento, por lo que el Ejército Británico se encargó de equipar a las tropas de la insurgencia, mientras Lawrence asesoraba al príncipe en cuestiones militares y alineaba sus intereses con los de Reino Unido.

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3. Escena con el mapa de la invasión a Damasco. Fuente: Película “Lawrence de Arabia” (1962).

De este modo, la causa árabe consiguió la victoria en el puerto de Áqaba y contribuyó en la conquista britanica de Jerusalén y Damasco. Sin embargo, tras la liberación de los árabes y el final de la guerra, las aspiraciones de un gran estado árabe independiente nunca se llevaron a cabo, pues chocaban frontalmente con el acuerdo secreto Sykes-Picot. El 23 de noviembre de 1917, cuando los bolcheviques hicieron público el acuerdo desde Rusia, todo el mundo se hizo eco de la noticia y el pueblo árabe se sintió profundamente traicionado.

Divide y vencerás en Oriente Próximo

El acuerdo Sykes-Picot no prosperó, pero sentó las bases para el futuro reparto y división de Oriente Próximo. La mentalidad colonialista de las potencias europeas ha dibujado fronteras ficticias para la creación de estados-títere que, lejos de traer la paz, han desintegrado la convivencia de la región.

La idea de imponer un modelo estatal en lugares con una gran diversidad étnica, lingüística y religiosa es sencillamente ridícula. Establecer fronteras en mitad del desierto, dejando de lado los criterios geográficos y sin tratar de entender la complejidad sociocultural, está abocado al fracaso.

Salvo que ese sea el objetivo: crear una estructura sociopolítica inestable y dependiente de la ayuda de terceros países.

Conscientes de la riqueza energética (petróleo y gas) y estratégica de Oriente Próximo, los intereses de algunos países se ven beneficiados por la debilidad gubernamental de estos nuevos estados, y utilizan el conflicto en su favor como excusa para ocupar y mantener el control sobre la región, así como para explotar sus recursos naturales.

Oriente se reivindica

En este contexto nace la insurgencia. Más allá de motivos religiosos, los habitantes de Oriente Próximo reclaman su espacio, su autonomía y su autodeterminación.

Este es el caso de Kurdistán. El pueblo kurdo está presente en varios países de la región, sumando al menos 30 millones de personas. En el norte de Irak ya han logrado delimitar sus fronteras, portar una bandera, construir un aeropuerto internacional, albergar un parlamento, un gobierno, y ejército propios.

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4. Extensión del pueblo kurdo en Oriente Próximo. Fuente: sof.news

Sin embargo, estas pretensiones no debe confundirse con el terrorismo empleado por organizaciones como el Daesh, que se esconde bajo el sentimiento de panarabismo para ejercer el control sobre muchos territorios y comunidades. Por el contrario, no podemos olvidar que este sentimiento de rechazo es una clara consecuencia del resultado de muchos años de ocupación y sometimiento de poderes extranjeros.

Reino Unido y Francia fueron los titiriteros a principios del siglo XX. Tras la Guerra del Golfo y ahora con la guerra civil siria, Estados Unidos (a través de la OTAN) y Rusia se disputan el derecho a intervenir para proteger sus intereses. Los daños ocasionados parecen ser efectos colaterales bajo su punto de vista.

Redibujar el mapa: ¿la única solución?

Los mapas pueden mostrar fronteras, divisiones administrativas y áreas de influencia, pero la realidad actual en Oriente Próximo nos habla de que todo esta cambiando, casi siempre con la sangre de los inocentes.

La línea trazada por Mark Sykes y François Georges-Picot no significa nada para los árabes, sean sirios, iraquíes, jordanos, libaneses, kurdos o palestinos, porque ellos no siguen las normas impuestas por occidente: tienen su propia visión del mundo, con sus propias leyes, y deberían tener el derecho a escribir su propia Historia.

Probablemente, si les diesen un mapa en blanco de Oriente Próximo, no dibujarían ni una sola línea.

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